martes, 23 de junio de 2020

Buscando peces en el océano cósmico - J. Emilio Enríquez Rascón

12.4
Buscando peces en el océano cósmico.
Enciclopedia galáctica.




En COSMOS capítulo 12, Carl Sagan nos introduce de una forma exquisita a esa gran pregunta: ¿estamos solos en el Universo? Sabemos que las leyes de la física se aplican en todo el Universo. Por lo tanto, es posible que en otra parte del mismo haya surgido otra civilización con capacidades tecnológicas. Lo que no sabemos es cuán probable es.
Es de resaltar que después de décadas, el mensaje en COSMOS sigue vigente. Hay solo un par de actualizaciones que quisiera resaltar.
En el caso de la ecuación de Drake, tenemos un poco más de conocimiento. En aquel entonces, no se conocían planetas en otras estrellas, se especulaba su presencia basados en información indirecta. Hoy en día, el estudio de exoplanetas ha revolucionado nuestro conocimiento en este tema. No hace ni diez años qué sabemos de forma estadística que cada estrella tiene por lo menos un planeta, y alrededor de una de cada cinco estrellas tienen un planeta en la zona de habitabilidad (1). Esta misma zona en la que nuestro “punto azul pálido” es abrigado por nuestro Sol. Si esta noche vemos las estrellas, podemos entonces imaginarnos la gran cantidad de planetas que pueden tener potencialmente la capacidad de albergar vida.
Así como en los tiempos de COSMOS nos preguntábamos sobre la prevalencia de planetas en otras estrellas basados en estudios indirectos. Ahora, nos preguntamos de igual manera sobre el origen y evolución de la vida que dieron como resultado a nuestra especie. Estos campos de la ciencia están empezando a tener sus propias revoluciones, y tal vez en las décadas venideras nos ayudaran a resolver algunas de las otras variables en la ecuación de Drake.
Aun así, existen más incógnitas de los procesos evolutivos que dieron como resultado una civilización en nuestro planeta capaz de comunicarse con las sondas Voyager (ver más de Voyager en el capítulo 6.3).
Pero entonces, ¿existen otras civilizaciones en nuestra Galaxia?
Dada cual fuere la probabilidad de la creación de vida inteligente. ¿Qué procesos evolutivos (biológicos o no) serían necesarios para la creación de una civilización con avances científicos y tecnológicos como la nuestra?  En la Tierra, la invención de la agricultura, las matemáticas y la astronomía ocurrió en varias partes del mundo independientemente, ¿pudiera esto ser consecuencia de alguna universalidad en procesos evolutivos de civilizaciones tecnológicas llegada una capacidad cognitiva suficiente?, ¿o pudiera ser una coincidencia específica de los humanos? ¿Qué pudiéramos decir de otros procesos posteriores como la urbanización? Si alguna de estas universalidades existiera, entonces esas nos servirían como la piedra de Rosetta sirvió para entender los jeroglíficos egipcios como nos cuenta entretenidamente Sagan en COSMOS.
Desde los tiempos de las pinturas rupestres en cuevas remotas, nos preguntamos sobre nuestros orígenes, y sobre nuestra actual soledad cósmica.  En COSMOS, vimos cómo la ecuación de Drake fue utilizada para estimar la realidad de nuestra soledad. Desafortunadamente no podemos llegar muy lejos sin antes asumir y especular demasiado. Dadas las incógnitas de varios factores, es igual de probable que haya millones de civilizaciones en la Vía Láctea o que solo seamos nosotros. Para en realidad poder acercarnos a la respuesta, es necesario un estudio riguroso, sistemático y científico.
En 1959 Guiseppe Cocconi y Philip Morrison, físicos prestigiosos de la Universidad de Cornell, publicaron el artículo: “Buscando Comunicaciones Interestelares”. Ahí por primera vez en la historia se señaló audazmente que las ondas de radio era un medio razonable de comunicación interestelar, y con esto el campo de investigación de SETI1 fue creado. Las razones para usar ondas de radio son claras: 1) viajan a la velocidad de la luz2; 2) son afectadas mínimamente por el medio interestelar; 3) son muy baratas de producir; y 4) su manipulación para mandar información es sencilla. Como ilustración del potencial de las ondas de radio tenemos las señales que aun recibimos de la sonda espacial Voyager 1 en las afueras del sistema solar, que cuenta con una potencia no más que la de un refrigerador casero (ver figura). ¿De qué seria entonces capaz una civilización avanzada?
No es pues casualidad que hoy en día nuestra tecnología de telecomunicaciones permea nuestra vida cotidiana en un sin número de formas. Estas propiedades ofrecen versatilidad en su uso y más importante aún, provee de la capacidad de crear un mensaje que sería sin duda reconocido por sus características artificiales. Tal mensaje nos daría una prueba certera pero indirecta de vida inteligente en algún otro lugar del universo, y como dijo Carl Sagan en COSMOS, “la historia de nuestra especie […] cambiaria para siempre”.

Señal de la sonda Voyager 1 detectada rutinariamente en Septiembre de 2016, por el radiotelescopio Green Bank en Virginia del Oeste, E.U. La fuerte señal central es un tono sin información su propósito es ser localizada fácilmente. La información llega en las bandas de los costados a una “distancia” conocida de la señal central. El cambio de frecuencia con el tiempo descrito en el capítulo 6.3 es evidente. 
Imagen cedida por el autor.


La primera búsqueda de señales de radio fue realizada en 1961 por Franck Drake (a quien tengo el honor de conocer) y conocida como el Proyecto OZMA (2). Esta búsqueda, así como otras realizadas en las siguientes dos décadas, se concentró alrededor de frecuencias especificas o “frecuencias mágicas”, descritas así por su relación a procesos astrofísicos, y entonces de referencia en común con otras civilizaciones. El ejemplo más común es la línea de emisión del átomo de hidrogeno a 1,420 MegaHertz.  Las limitaciones tecnológicas de la época permitían a los radioastrónomos buscar solo en un número reducido de frecuencias o “canales” simultáneamente. Para la década de los 80, este número se incrementó a unos miles de frecuencias. Avances tecnológicos aumentaron este número para finales del siglo XX a millones de frecuencias y se extendió a bandas de frecuencia más amplias. Hoy en día es posible estudiar miles de millones simultáneamente, equivalente a darle a cada persona en el mundo su propia frecuencia para sintonizar.
La búsqueda ha aumentado también en otros aspectos a través de las décadas. El Proyecto OZMA fue una investigación modesta de dos estrellas vecinas parecidas al Sol. Proyectos posteriores hicieron observaciones de decenas, luego de centenas y hoy en día se han buscado señales en miles de estrellas. Se ha diversificado también a galaxias cercanas y otras regiones del cielo.
COSMOS ha sido una continua inspiración desde mi niñez, y me dirigió al campo de la astronomía. Fue un privilegio para mí en 2017 publicar los primeros resultados del proyecto Breakthrough Listen, que en su momento fueron los resultados más exhaustivos en la historia de SETI (3). Fue una experiencia emocionante, donde descubrimos que el origen de unas señales peculiares era nuestra propia tecnología humana, satélites de comunicaciones orbitando la Tierra.
No todas las búsquedas han sido en ondas de radio, otros proyectos buscan señales de laser ópticos o infrarrojos con telescopios convencionales. O de putativos procesos tecnológicos a gran escala, como es el ejemplo tan conocido de las esferas de Dyson3. Hoy en día llamamos al conjunto de todos estos tipos de posibles mediciones (incluyendo las ondas de radio) como tecnomarcadores4. En todos estos tipos de búsqueda la premisa es la misma: encontrar señales o procesos que la naturaleza no pueda crear por sí misma.
Múltiples proyectos a través de los años se han realizado buscando estos tipos diferentes de tecnomarcadores. Pero después de todas estas búsquedas aun no sé ha encontrado alguna señal definitiva. Una pregunta inevitable que se han hecho muchos es: después de buscar todas estas décadas, ¿podemos decir que estamos solos en el Universo?
En realidad, es muy pronto para decir esto. Las búsquedas más grandes son aun pequeñas. En la Vía Láctea hay entre 100 y 400 mil millones de estrellas, si hubiera un millón de civilizaciones en la Galaxia, como se mencionó en COSMOS, entonces pudiéramos decir que en promedio una de cada 100 mil o 400 mil estrellas tiene una civilización. Unas 100 veces más del número de estrellas que se han buscado hasta la fecha. Asumiendo que la civilización más cercana se quisiera comunicar con nosotros, y asumiendo que quisiera hacerlo con ondas de radio, ¿qué frecuencia usarían? Aquí tendríamos que extender nuestra búsqueda a otras frecuencias, para cubrir todo el rango posible, tendríamos que aumentar esto por otro factor de 100. Y ¿qué tal si no están transmitiendo continuamente, pero sí de forma esporádica? Esto significaría que tuviéramos que observarles siempre. Hoy en día las estrellas se observan en general por unos minutos, horas a lo más. Las búsquedas tendrían que aumentar por otro factor de 1,000. Multiplicando estos factores e ignorando otros posibles, vemos que necesitamos aumentar por un factor de 10 millones, y esto es un escenario optimista asumiendo millones de civilizaciones en nuestra galaxia. Como dijo Jill Tarter, radioastrónoma por profesión y uno de los personajes más icónicos en la historia de SETI, “todos los esfuerzos [tipo SETI], […] equivalen a recoger un vaso de agua del océano. Y nadie concluiría que no hay peces en el océano basados solamente en ese vaso de agua” (4).
La gran búsqueda está aún por comenzar, pero no es momento de desanimarnos. Los avances tecnológicos previstos en las próximas décadas nos darán las herramientas adecuadas para la búsqueda. Lo que tenemos que hacer es seguir “escuchando” e incrementar la búsqueda. En el pasado ha habido altas y bajas en el nivel de soporte público o privado a esta causa. En general han sido solo un puñado de científicos involucrados. Todavía los proyectos actuales siguen careciendo de recursos humanos. Entonces hay muchos aspectos por mejorar en el futuro.
Concluyo con lo que dijeron acertadamente en su artículo inaugural, Guiseppe Cocconi y Philip Morrison en 1959: La probabilidad de éxito es difícil de estimar, pero si nunca buscamos, la posibilidad de éxito es cero”.


Notas:
1 SETI o la búsqueda de inteligencia extraterrestre por sus siglas en inglés, y originalmente llamado CETI, o comunicación con inteligencia extraterrestre.
2 La velocidad la luz es la velocidad limite en el universo como descubrió Albert Einstein en 1905 con su teoría de la relatividad especial (véase capítulo 8.5).
3 Primero propuestas en 1960 por Freeman Dyson, un talentoso físico de Princeton.
4 Un subconjunto de los biomarcadores, término usado en Astrobiología. Actualizando así el termino algo obsoleto de SETI.

Bibliografía:


J. Emilio Enríquez Rascón.
Doctor en Ciencias, Astrofísica.
Previamente investigador científico en la Universidad de California en Berkeley.


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